Hay historias difíciles de explicar en San Lorenzo. Y la de Maximiliano Zelaya es una de ellas. Llegó al club hace dos años y medio en medio de una fuerte polémica, nunca disputó un partido oficial con la camiseta azulgrana y ahora volvió a quedar en el centro de la escena por un motivo inesperado: dejó de presentarse a entrenar y el club decidió intimarlo.
El defensor había arribado a comienzos de 2024 procedente de Sportivo San Lorenzo de Paraguay en una operación que generó muchas críticas porque llegaba a reforzar la Reserva con 26 años (hoy ya tiene 29) y porque fue impulsada por su padre, el empresario Mariano Zelaya, uno de los representantes más cercanos a la gestión encabezada por Marcelo Moretti.
Mientras Orlando Gill, quien llegó en la misma ventana, terminó explotando y convirtiéndose en pieza clave para Boedo, el destino de Maximiliano, que había jugado antes en las inferiores de Huracán y tuvo pasos por Almirante Brown, 2 de Mayo y Rubio Ñu de Paraguay, fue completamente distinto.
Nunca jugó un partido oficial
Desde su llegada, Zelaya jamás logró ganarse un lugar. No sumó ni un solo minuto oficial con la Primera de San Lorenzo y apenas participó de un amistoso frente a Peñarol, a comienzos de 2025.
Con la asunción de la nueva dirigencia encabezada por Marcelo Culotta, el club resolvió bajarlo a la Reserva hace algunos días. Sin embargo, el marcador central no aceptó la decisión.
San Lorenzo lo intimó
Después de ser informado de que debía entrenarse con la Reserva, Zelaya había ido a la Ciudad Deportiva pero solamente a hacer trabajos en el gimnasio. Ahora, dejó directamente de presentarse: faltó en la práctica de ayer y también en la de esta mañana.
Ante esa situación, San Lorenzo decidió intimarlo formalmente para que retome sus obligaciones, ya que el futbolista continúa bajo contrato.
Y ese es otro dato que sorprende: cuando fue incorporado, el club le firmó un vínculo por tres años, por lo que su contrato recién finalizará a fines de 2026.
Por ahora, la postura de San Lorenzo es clara: Zelaya no forma parte de los planes de Néstor Gorosito, pero mientras tenga vínculo vigente deberá cumplir con sus obligaciones laborales. El caso suma un nuevo capítulo a una de las incorporaciones más cuestionadas de los últimos años en Boedo.
