La reunión entre Gustavo Álvarez y la nueva conducción del fútbol de San Lorenzo terminó de confirmar lo que ya se intuía desde hace varios días: el entrenador seguirá al frente del equipo durante el próximo semestre.
El encuentro con Guillermo Franco, Walter Perazzo y Martín Saric dejó buenas sensaciones y permitió empezar a planificar la pretemporada, el mercado de pases y el futuro inmediato del plantel. Sin embargo, detrás de esa decisión también hubo una evaluación más profunda del ciclo que el DT viene desarrollando desde su llegada al club.
Porque si bien los números no terminan de ser contundentes, en San Lorenzo consideran que Álvarez logró algo que pocos técnicos habían conseguido en los últimos años: darle una identidad futbolística al equipo.
Un estilo que convenció
Desde su llegada, Álvarez propuso una idea completamente distinta a la que predominó en San Lorenzo durante las últimas temporadas. Con una apuesta por la posesión de la pelota y la iniciativa ofensiva, el entrenador buscó romper con una etapa marcada por equipos más conservadores y de perfil defensivo.
Se podrá discutir la eficacia de la propuesta, pero puertas adentro entienden que el equipo mostró una identidad clara y una idea reconocible, algo que terminó seduciendo a buena parte del mundo azulgrana y también a la nueva conducción. Ese fue uno de los principales argumentos que pesaron a la hora de sostener el proyecto.
Los números del ciclo
En cuanto a los resultados, el ciclo de Álvarez dejó estadísticas que muestran una realidad más equilibrada. El entrenador dirigió 13 partidos entre el Torneo Apertura y la Copa Sudamericana. En ese período consiguió tres victorias, ocho empates y apenas dos derrotas. En total sumó 17 puntos sobre 39 posibles, con una efectividad del 43,59%.
Los números no son brillantes, pero tampoco reflejan un ciclo negativo desde los resultados puros. El problema fue que las dos derrotas llegaron en los momentos menos oportunos.
Las eliminaciones que golpearon fuerte
El primer golpe llegó en el Torneo Apertura. Álvarez tomó el equipo en la fecha 12, logró meterlo en los playoffs tras finalizar séptimo en la Zona A y estuvo muy cerca de avanzar a los cuartos de final. De hecho, San Lorenzo tenía en sus manos una clasificación que parecía histórica. Con diez jugadores desde los 27 minutos del primer tiempo por la expulsión de Matías Reali, el equipo resistía y ganaba en el Monumental.
Sin embargo, River encontró el empate en la última jugada del tiempo suplementario y llevó la serie a los penales. Allí, pese a que Orlando Gill atajó dos ejecuciones, el Ciclón falló tres remates consecutivos y terminó quedando eliminado de manera increíble.
Pocos días después llegó el golpe más duro. En el Nuevo Gasómetro y frente a Deportes Recoleta, el Ciclón tenía dos resultados a favor para avanzar en la Copa Sudamericana: era ganar o empatar. Pero no: cayó 1-0 y quedó eliminado de manera prematura, generando una fuerte decepción entre los hinchas.
Esas dos derrotas terminaron marcando la percepción general del ciclo mucho más que los números acumulados.
La decisión de sostener el proyecto
Más allá de esas eliminaciones, Marcelo Culotta ya había dejado en claro antes de los comicios que veía con buenos ojos la continuidad del entrenador.
La reunión de este lunes no fue una instancia para definir si seguía o no, sino más bien una oportunidad para acercar posiciones, conocer su mirada sobre el futuro y confirmar que ambas partes estaban alineadas en el proyecto deportivo. La conclusión fue positiva.
Por eso, mientras San Lorenzo empieza a planificar la pretemporada y el próximo mercado de pases, una de las primeras definiciones de la nueva etapa ya quedó resuelta: Gustavo Álvarez seguirá siendo el entrenador azulgrana.
