San Lorenzo y un 10 de junio eterno: el campeón récord y la vuelta de Ramón Díaz

El Ciclón celebra el aniversario de dos títulos inolvidables: el Clausura 2001 de Manuel Pellegrini, récord absoluto en torneos cortos, y el Clausura 2007 de Ramón Díaz, una vuelta con sello ganador y alma azulgrana.

Redacción
Publicada: 10/06/2026 11.51hs
San Lorenzo y un 10 de junio eterno: el campeón récord y la vuelta de Ramón Díaz

Hay fechas que no necesitan demasiada explicación. Se miran en el calendario y dicen todo. Para San Lorenzo, el 10 de junio es una de esas. Porque ese día, en años distintos, el Ciclón volvió a tocar el cielo dos veces: primero con el equipo récord de Manuel Pellegrini en el Clausura 2001 y después con el campeón de Ramón Díaz en el Clausura 2007.

Dos vueltas olímpicas. Dos entrenadores de enorme personalidad. Dos equipos diferentes, pero unidos por una misma escena: el Nuevo Gasómetro vestido de fiesta, Boedo latiendo fuerte y San Lorenzo levantando un campeonato local.

El primero fue una máquina. El segundo, un equipo con colmillo. Uno arrasó desde el juego, los puntos y los números. El otro se hizo fuerte desde el carácter, la convicción y ese fuego competitivo que le imprimió Ramón. Los dos quedaron marcados en la memoria azulgrana.

El campeón récord de Pellegrini

El Clausura 2001 no fue un campeonato más. Fue, directamente, una campaña histórica. San Lorenzo, dirigido por el Ingeniero Pellegrini, terminó con 47 puntos sobre 57 posibles, producto de 15 victorias, 2 empates y apenas 2 derrotas. Una marca que todavía permanece como récord argentino de puntos en torneos cortos.

Aquel equipo no solo salió campeón: dejó una huella difícil de igualar. Ganó 15 partidos, otro récord para ese formato, y encadenó una racha feroz que se extendió hasta el Apertura 2001 para llegar a 13 victorias consecutivas, una cifra que sigue siendo parte de la bandera estadística del fútbol argentino.

Pero antes de convertirse en leyenda, ese San Lorenzo también tuvo que caminar por la cornisa. La derrota 3-1 ante River, en el Nuevo Gasómetro, pareció dejar al equipo sin aire. Sin embargo, fue exactamente al revés: desde ahí nació la remontada. Pellegrini ordenó, convenció y potenció a un plantel que empezó a jugar de memoria.

Sebastián Saja en el arco; Horacio Ameli, Fabricio Coloccini, Eduardo Tuzzio y Juan José Serrizuela en defensa; Pablo Michelini como bandera de equilibrio; Leandro Romagnoli aportando fútbol y frescura; Raúl Estévez rompiendo por afuera; y Bernardo Romeo haciendo lo que mejor sabía hacer: goles.

Una máquina de ganar

Aquel Ciclón tenía algo que los hinchas todavía recuerdan con orgullo: iba, golpeaba y volvía a golpear. Ganó partidos de todos los colores. Fue capaz de golear, de sufrir, de dar vuelta historias y de convertir cada fecha en una demostración de autoridad.

Entre las postales de esa campaña aparecen el 5-0 a Estudiantes en La Plata, el inolvidable 5-4 a Lanús como visitante y una recta final demoledora. San Lorenzo metió once triunfos consecutivos en el cierre del torneo y transformó una persecución complicada en una consagración arrolladora.

El título llegó el 10 de junio de 2001, en el Nuevo Gasómetro, con el 2-1 ante Unión. Ese día, San Lorenzo coronó una campaña extraordinaria y levantó el primer campeonato local del nuevo milenio. No fue solo una vuelta olímpica: fue la confirmación de un equipo que se ganó un lugar entre los mejores campeones de la historia del fútbol argentino.

La vuelta del 2007, con el sello de Ramón

Seis años después, el 10 de junio volvió a ponerse azulgrana. Esta vez, el protagonista fue el San Lorenzo de Ramón Díaz, un equipo que quizás no tuvo el aura estadística del 2001, pero sí una personalidad enorme. Ganó el Clausura 2007 con autoridad, una fecha antes del final, y devolvió al club a lo más alto del fútbol argentino.

Ramón llegó para ese torneo y cambió el clima. Venía de un semestre pesado, con un plantel golpeado y una necesidad urgente de recuperar confianza. El Pelado hizo lo que tantas veces hizo en su carrera: tocó las fibras correctas, armó un equipo competitivo y lo convenció de que podía ser campeón.

La campaña fue notable: 14 triunfos, 3 empates y 2 derrotas. Un equipo sólido, intenso, con oficio y con nombres que quedaron grabados en la memoria del hincha. Agustín Orión en el arco; Sebastián Méndez y Jonathan Bottinelli como pilares defensivos; Cristian Ledesma manejando los tiempos; Santiago Hirsig, Diego Rivero y Osmar Ferreyra sosteniendo el medio; y arriba, una fórmula que se volvió irresistible: Gastón Fernández, Ezequiel Lavezzi y Andrés Silvera.

El día que el Nuevo Gasómetro volvió a explotar

La consagración llegó ante Arsenal, en el Nuevo Gasómetro. Fue 4-2 para San Lorenzo en un partido cargado de emoción. Cristian Tula abrió el camino, Pocho Lavezzi puso el segundo y Mauro Obolo, con dos goles, le devolvió suspenso a una tarde que parecía controlada.

Pero ese San Lorenzo tenía reacción, tenía carácter y tenía gol. En el segundo tiempo apareció la Gata Fernández con un doblete, uno de penal, para cerrar la historia y desatar la fiesta. El equipo de Ramón ya era inalcanzable para sus perseguidores y el Bajo Flores volvió a vivir una vuelta olímpica local.

Aquel torneo también dejó partidos que explican al campeón: el triunfo ante Boca en la Bombonera, el 4-3 contra Independiente, la goleada 3-0 a Racing y las victorias en Rosario. Fue un San Lorenzo con oficio, con momentos de buen fútbol y, sobre todo, con una convicción enorme para sostener la punta hasta el final.

Dos campeones, una misma fecha

El 10 de junio quedó marcado para siempre en el almanaque de San Lorenzo. En 2001, el equipo de Pellegrini construyó una campaña récord, de esas que sobreviven al paso del tiempo y se siguen mencionando cada vez que se habla de grandes campeones. En 2007, el San Lorenzo de Ramón recuperó la gloria local con un equipo fuerte, competitivo y lleno de personalidad.

Fueron dos campeonatos distintos, pero con un mismo destino: la vuelta olímpica. El de Pellegrini fue la perfección estadística, el récord, la máquina. El de Ramón fue el golpe anímico, la recuperación del orgullo, el equipo que se plantó y ganó.

Por eso, cada 10 de junio, San Lorenzo no recuerda una vuelta. Recuerda dos. Dos campeones. Dos fotos eternas. Dos equipos que hicieron feliz al pueblo azulgrana y que todavía hoy siguen ocupando un lugar gigante en la historia del Ciclón.

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