La caída de San Lorenzo frente a Independiente por 2-1 no solo dejó bronca por la forma en la que se dio el partido y por la polémica del final. También marcó el fin del invicto de Gustavo Álvarez como entrenador azulgrana, que hasta aquí había logrado darle una identidad competitiva al equipo y todavía no conocía la derrota desde su llegada.
Álvarez asumió a fines de marzo, luego de la salida de Damián Ayude, en un contexto complejo para el club, con la necesidad de enderezar el rumbo futbolístico y devolverle solidez a un equipo que venía golpeado. Desde entonces, había construido una racha de ocho partidos sin perder, entre torneo local y Copa Sudamericana.
Su debut fue con empate 1-1 frente a Deportivo Riestra, resultado al que luego se sumó otro 1-1 contra Deportivo Recoleta en el estreno copero. Más tarde llegaron el 0-0 frente a Newell’s en Rosario, otro 0-0 ante Vélez en el Nuevo Gasómetro y el reciente 1-1 contra Santos.
En el medio también aparecieron triunfos importantes que fortalecieron el ciclo: 1-0 frente a Estudiantes de La Plata, 2-0 ante Deportivo Cuenca y 1-0 contra Platense, victorias que empezaron a consolidar una idea de juego y le dieron aire al equipo en ambos frentes.
En total, fueron ocho partidos sin derrotas, con tres victorias y cinco empates, hasta que llegó el cruce con Independiente, donde San Lorenzo jugó probablemente su encuentro más flojo del ciclo, aunque reaccionó en el cierre, descontó, empujó hasta el final y tuvo situaciones concretas para rescatar al menos un punto, algo que finalmente no consiguió.
Más allá del fin del invicto, la derrota no borra la mejora que mostró el equipo desde la llegada de Álvarez, aunque sí representa un golpe que corta la racha positiva justo en un momento de calendario apretado, con la clasificación a playoffs asegurada pero con una agenda cargada y desafíos importantes por delante.
El primer tropiezo ya llegó. Ahora, el desafío para Álvarez será demostrar de qué está hecho su San Lorenzo cuando toque levantarse rápido.
