La salida de Gustavo Álvarez sacudió a San Lorenzo en la antesala del inicio de la pretemporada. Lo que parecía ser la continuidad de un proyecto que había recibido el respaldo de la nueva dirigencia terminó de forma abrupta luego de diferencias internas vinculadas a la confección de la lista de futbolistas que no iban a ser tenidos en cuenta.
De esta manera, se cerró un ciclo tan breve como particular. Álvarez asumió el 22 de marzo y dejó su cargo exactamente tres meses después, el 22 de junio. Apenas 90 días en los que logró instalar una idea futbolística clara, algo que en Boedo no abundó en los últimos años.
Una idea que convenció desde el juego
Desde su llegada, el entrenador apostó por un equipo protagonista, con intención ofensiva y búsqueda constante del arco rival. Una propuesta que rompió con la tendencia de ciclos anteriores, generalmente más conservadores y especulativos. Más allá de que su modelo de juego podía generar riesgos defensivos y dejar espacios que muchas veces fueron aprovechados por los rivales, logró que el equipo tuviera una identidad reconocible dentro de la cancha.
Esa fue, justamente, una de las razones por las que la nueva conducción había decidido sostenerlo en el cargo apenas asumió. Tanto dirigentes como futbolistas valoraban el trabajo realizado y la idea que intentaba consolidar.
Sin embargo, los números nunca terminaron de acompañar del todo.
Los números y las eliminaciones que marcaron el semestre
Álvarez dirigió apenas 13 partidos oficiales entre el Torneo Apertura y la Copa Sudamericana. En ese lapso obtuvo tres victorias, ocho empates y dos derrotas. Sumó 17 puntos sobre 39 posibles y cerró su etapa con una efectividad del 43,59%.
Las estadísticas muestran un recorrido irregular, con más empates que triunfos y con un equipo que muchas veces compitió, pero que le costó transformar sus buenas intenciones en resultados concretos.
Además, el semestre estuvo atravesado por dos golpes que dejaron huella. El primero fue la eliminación en el Torneo Apertura ante River. San Lorenzo estuvo muy cerca de dar el golpe en el Monumental: jugó gran parte del encuentro con un hombre menos, se puso en ventaja y parecía encaminarse a la clasificación, pero el Millonario empató sobre el cierre del tiempo suplementario y terminó imponiéndose por penales.
Pocos días después llegó otro golpe todavía más doloroso: la eliminación de la Copa Sudamericana frente a Deportivo Recoleta. El equipo tenía dos resultados a favor para avanzar de ronda, pero cayó 1 a 0 y quedó afuera de manera prematura del certamen continental.
Por eso, el ciclo de Gustavo Álvarez termina dejando sensaciones encontradas. Por un lado, un entrenador que logró devolverle una identidad futbolística al equipo y que generó adhesión en buena parte de los hinchas. Por el otro, una campaña que nunca encontró la regularidad necesaria para sostenerse en los resultados.
Ahora, con Walter Perazzo al frente del plantel de manera interina, San Lorenzo inicia una nueva etapa. Y la salida de Álvarez deja una pregunta abierta: si el tiempo le hubiera permitido consolidar su idea, ¿el desenlace habría sido diferente?
