Perdió San Lorenzo otra vez. Y empieza a ser una frase demasiado habitual para un equipo que, a esta altura, ya no preocupa: asusta. Porque el equipo de Pipo Gorosito volvió a quedar en deuda, esta vez ante Instituto, que le ganó 1-0 en Córdoba y aprovechó al máximo un nuevo golpe de un Ciclón que tiene anemia ofensiva, falta de circuito de juego y una fragilidad mental que parece derrumbarlo ante el primer inconveniente.
Cuatro derrotas en siete fechas, apenas dos goles convertidos en todo el torneo Clausura y solamente siete puntos son números que explican por sí solos la profundidad de una crisis que ya también amenaza con llevarse puesto el objetivo de clasificar a las copas de 2027.
No hay sorpresa en San Lorenzo. Son, como tantas veces en este último tiempo, finales anunciados. El equipo no gana, no convierte, no liga y tampoco encuentra respuestas cuando el partido le presenta una dificultad. Esta vez, además, pagó carísimo un error no forzado de José Devecchi en el comienzo del segundo tiempo. Instituto encontró el gol y después hizo lo que San Lorenzo no pudo hacer: sostener la ventaja frente a un rival que, golpeado, volvió a quedarse sin recursos.
Y eso es quizás lo que más preocupa. Porque después de una semana larga de trabajo, de preparación, de tiempo para corregir y buscar alternativas, no apareció ningún signo de mejoría. San Lorenzo acumuló hombres, pero no logró construir un equipo. Deambuló por la cancha con futbolistas inconexos, sin sociedades, sin una identidad clara y dependiendo casi exclusivamente de que Auzmendi pudiera inventar algo. Como en las dos únicas victorias del campeonato, contra Gimnasia de Mendoza y Unión de Santa Fe, la esperanza volvió a estar depositada en el delantero.
Auzmendi, por lo menos, intentó. En una noche en la que San Lorenzo volvió a tener enormes dificultades para generar juego, el delantero fue el futbolista que más buscó y el que consiguió llevar algo de peligro. En la primera parte tuvo una clarísima, con un remate que terminó dando en el travesaño tras un manotazo de Ledesma. También tuvo un cabezazo que se fue por encima sobre el final. Poco, demasiado poco para un equipo que necesitaba mostrar otra cara después de una semana de trabajo.
Porque el problema no es solamente que San Lorenzo no convierta. El problema es que no genera los mecanismos para hacerlo. No hay sociedades, no hay asociaciones que permitan avanzar con la pelota, no hay movimientos que rompan una defensa. Cuando necesita atacar, muchas veces termina recurriendo al pelotazo, a la segunda pelota, a la inspiración individual. Y en Córdoba volvió a quedar expuesto.
AUZMENDI METIÓ UN BOMBAZO, PERO PEGÓ EN EL PALO
— TNT Sports Argentina (@TNTSportsAR) September 1, 2026
El palo le negó el primero a Auzmendi para San Lorenzo ante Instituto.
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Instituto entendió rápidamente dónde estaba el negocio. Aprovechó las dudas de un San Lorenzo que no encontraba cómo lastimarlo y esperó su momento. El Ciclón, mientras tanto, acumulaba posesión sin traducirla en situaciones claras. Mucho ímpetu, sí. Mucha voluntad. Pero poco fútbol. Y cuando un equipo depende de la energía de un solo delantero para acercarse al arco rival, el margen de error se vuelve mínimo.
El primer tiempo se fue 0-0, pero la sensación no era la de un partido que San Lorenzo tuviera controlado. Era más bien la de un equipo que necesitaba encontrar una respuesta antes de que apareciera el primer golpe. Porque en este San Lorenzo, cada golpe parece tener consecuencias demasiado grandes.
Y el golpe llegó demasiado rápido. Instituto encontró el 1-0 en el comienzo del complemento después de un error de Devecchi que volvió a desnudar una de las tantas fragilidades que hoy tiene San Lorenzo. El arquero salió a buscar la pelota para intentar anticipar al jugador que ingresaba por detrás. Apenas la tocó, pero la pelota quedó servida para Gallardo, que tiró el centro al fondo y Cerato apareció para pegarle de volea. Los jugadores del Ciclón se habían hundido contra su propio arco para defender y, aun así, la pelota terminó atravesando todo.
¡GOLAZO DE VOLEA DE INSTITUTO!
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Giuliano Cerato conectó una hermosa volea para poner el 1-0 de Instituto ante San Lorenzo.
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Fue gol. Y fue, también, el momento en el que el partido pareció quedar demasiado lejos para San Lorenzo.
Porque después del 1-0 se terminaron de apagar las pocas ideas que había mostrado. Auzmendi volvió a tener la suya, pero esta vez definió por encima del travesaño. Y el ingreso de Salas aportó algo de energía, aunque tampoco alcanzó para cambiar la historia. San Lorenzo buscó, pero volvió a hacerlo de la misma manera: con pelotazos, con centros, con intentos aislados. Sin circuito. Sin claridad. Sin encontrar una forma colectiva de llegar.
Instituto, que había olfateado el mal momento del rival, aprovechó la situación y terminó llevándose un triunfo que no fue inmerecido. San Lorenzo se lo hizo demasiado fácil. Otra vez.
Y así se fue de Córdoba, con las manos vacías y con una preocupación que ya excede cualquier resultado puntual. Cuatro derrotas en siete fechas, apenas dos goles y siete puntos. Está anteúltimo en el Clausura, solamente por encima de Talleres de Córdoba, justamente el rival que recibirá el próximo sábado y que llega a ese partido después de quedarse sin entrenador.
San Lorenzo está en un momento crítico, oscuro, incómodo. No funciona. No encuentra juego, no encuentra resultados y tampoco encuentra una manera de reaccionar cuando algo sale mal. Auzmendi intenta sostenerlo, pero un equipo no puede depender de que un delantero lo salve todas las noches.
Esta vez tampoco pudo.
Y el Ciclón volvió a perder. Otra vez. Una palabra que ya dejó de ser una excepción para convertirse en una costumbre. Y eso, a esta altura, directamente asusta.

