La reprogramación del partido de San Lorenzo ante Estudiantes de Río Cuarto desató una fuerte controversia interna y externa. Lo que en principio parecía un simple movimiento de calendario por el paro de la CGT terminó generando un conflicto deportivo que afecta directamente al equipo de Damián Ayude.
El encuentro, que estaba pautado para el jueves a las 17:15, fue trasladado al domingo a las 17. Hasta ahí, la modificación no representaba un problema mayor. El inconveniente aparece inmediatamente después: el Ciclón recibirá a Instituto de Córdoba el martes a las 19:15, apenas 48 horas más tarde.
Desde lo reglamentario, la programación es válida. Sin embargo, en términos físicos y deportivos, implica una clara desventaja: el plantel contará con apenas un día de descanso y solo un entrenamiento antes de volver a competir en comparación con La Gloria, que juega este viernes de local ante Atlético Tucumán.
La frase que encendió la discusión
En medio del malestar que crece puertas adentro, quien tomó la palabra fue Marcelo Vázquez, vicepresidente segundo de la Comisión Directiva transitoria y uno de los representantes del club en AFA junto a Sergio Costantino.
Sus declaraciones en Mundo Azulgrana no pasaron inadvertidas: “Priorizamos jugar el domingo y no el viernes pensando en los abonados”. Y explicó, además de tener “una excelente relación con la Liga”, las dificultades para otra alternativa: “Por el calendario era muy difícil buscar otros días, ya que no había pantallas de TV disponibles”.
La frase sobre la prioridad del domingo generó sorpresa, especialmente porque la información previa indicaba que la intención del club era mover el partido apenas un día, es decir al viernes, para preservar mayor descanso de cara al choque ante Instituto.
Contradicciones y descontento
La declaración también entra en tensión con la programación original del encuentro frente a Estudiantes de Río Cuarto, que estaba fijado un jueves a las 17:15, en pleno día y horario laboral. Ese horario complicaba la asistencia al estadio y hasta la liberación de muchas ubicaciones por parte de socios con Abono Popular que no podían concurrir.
Puertas adentro, el malestar es evidente. El plantel no quedó conforme con la seguidilla y entiende que la carga física puede impactar en el rendimiento. Dos partidos en poco más de 48 horas, en una etapa exigente del calendario, no es un detalle menor.
Mientras tanto, desde la dirigencia se insiste en que la relación con la Liga Profesional facilitó el movimiento al domingo y que la grilla televisiva impedía otras combinaciones posibles.
Lo cierto es que el equipo deberá afrontar una seguidilla intensa que puede marcar su presente inmediato. Y en Boedo, más allá de la alegría por volver a jugar un domingo, la polémica está lejos de apagarse.
